Hay proyectos que te quitan el sueño. No porque sean difíciles en papel, sino porque detrás de cada reunión, cada gestión y cada firma hay familias esperando algo tan básico como abrir una llave y que salga agua.

El agua en Sachaca fue uno de esos proyectos.

Esta historia no empieza conmigo. Empieza hace más de veinte años, cuando los pueblos jóvenes de Sachaca recibían agua de un simple pozo. En el 2007 mejoró un poco — llegaron a ocho pueblos jóvenes con agua suficiente para abastecer lo básico. Pero la población seguía creciendo y el agua no alcanzaba.

Durante años se intentó hacer algo grande. Se hicieron estudios, se aprobaron planes, se consiguió financiamiento. En el 2020 por fin arrancó la obra. La gente celebró. Después de tanto esperar, parecía que el problema estaba resuelto.

Pero en el 2022 todo se cayó. Una combinación de factores que nadie pudo controlar — conflictos, paralizaciones, problemas con la empresa — dejaron la obra muerta a mitad de camino. Las tuberías quedaron tendidas en las calles. Y las familias, otra vez con el balde en la mano esperando la cisterna.

Cuando llegué a la gestión, esa era la realidad. Y me negué a aceptarla.

Lo primero fue no esperar. Mientras trabajábamos para reactivar la obra grande, hicimos algo más inmediato: un empalme de agua que duplicó lo que llegaba a los pueblos jóvenes. Si antes tenías dos horas de agua al día, pasaste a tener cuatro. Con mejor presión y mejor calidad. No era todo lo que necesitábamos, pero era lo que podíamos hacer mientras.

Y seguimos empujando. Reunión tras reunión. Gestión tras gestión. Hasta que el 20 de abril de 2026 firmamos el contrato que lo cambia todo.

Más de 83 millones de soles. 600 días de trabajo. Más de 241 mil personas beneficiadas en Sachaca, Tiabaya y Congata.

Once kilómetros de tuberías principales llegando a donde nunca habían llegado. Un nuevo reservorio que triplicará la capacidad de almacenamiento de agua. Redes de desagüe para familias que nunca habían tenido ese servicio.

Más de veinte años esperando esto. Hoy es una realidad.

Esta obra nos devuelve la dignidad para vivir. Y eso no tiene precio.

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